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Vuelo de mariposa


Aquella tarde gris de noviembre de 1963, Carlitos, regresó del patio con una lagartija verde amarilla en sus manos, entró con sigilo a su casa y vio que su madre lloraba, mientras que su padre, enfurecido, se agitaba de un lado a otro. El rostro de ella estaba hinchado y de sus labios corría un hilillo de sangre. La radio estaba encendida y podía escucharse una voz pastosa, acentuada por el ritmo de una música lenta y fúnebre, que pronunciaba a ratos la palabra “quénedi”.
―Papá, ¿por qué llora mamá? ―preguntó asustado.
―¡Shh, cállese niño, vay’se a lavar! ―le gritó su padre, sin siquiera mirarlo–. Los niños hablan cuando las gallinas mean.
Al instante una mariposa amarilla entró por la ventana y revoloteó por toda la casa. Carlitos tiró la lagartija al suelo y corrió hacia los brazos de su madre.
El tiempo pasó sin remedio . Al ritmo de los Rollings Stones creció Carlitos, pro sin ninguna satisfacción . Un día, después de su mayoría de edad, fue reclutado por el tío Sam y llevado a la selva de Viet Nam. Allí se arrastró como una lagartija. Fue herido en combate y terminó hospedándose en el hospital psiquiátrico un anodino día cuando una peregrinación de mariposas arropó el pueblo donde nació.
Por la ventana del hospital se le puede ver, mira hacia lo lejos tras el vuelo zigzagueante de una mariposa amarilla que se pierde en el horizonte.
Carlitos ya no es el mismo, ahora depende de químicos y anti sicóticos para controlar sus alucinaciones, el corazón se le acelera y no puede conciliar el sueño . Una horrenda pesadilla lo atormenta: sueña que es asediado por miles de lagartijas que le susurran al oído, casi al unísono y sin cesar la palabra “quénedi’…

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