Ella, hermosísima hasta rajarse a más no poder. Él, guapísimo, un Adán. Decidieron casarse y tener el bebé más bello. Nueves meses después, con el sorpresivo resultado, se dieron cuenta de que habían olvidado repasar sus árboles genealógicos: uno de sus tatarabuelos era conocido en la villa con el apodo de Pepe el feo.
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