Abducido, el hermano Macario, fue devuelto a la Tierra por los alienígenas en el mismo sitio que fue raptado, bajo el limonero en el patio trasero del monasterio. Como despertó de un sueño criogénico no se acordaba de nada; se sentía muy bien. Fue cuando llegó a su celda que notó algo diferente: en la sobria pared detrás de su camastro, en vez de un crucifijo, había una soga con lazo de ahorcado. Asombrado, gritó. Los demás monjes corrieron hacia él; pero quedó preso de horror al ver que ellos lo miraban como si estuviera bananas, y en sus cuellos llevaban pequeñas sogas con nudo de ahorcado….
¡Ay!, qué será de mi cuando ya no tenga huesos ni palabras... Me desperté, y al querer estirarme para aflojar las coyunturas, no pude hacerlo. Traté con esfuerzo de desplegar mis brazos hacia los lados, mientras intentaba abrir la boca, pero no pude moverme ni un centímetro. Me sentí como un charco sobre la cama, con los ojos bailándome en las cuencas, y la piel, puro pellejo. De pronto una risa hueca me sorprendió, y veo, lo que parecía ser mi esqueleto apoyado en la pared; y éste, de manera cínica me dijo: —Sin mí no puedes hacer nada, ¿verdad querido? —¿Pero qué haces ahí?, pedazo de huesos —le dije. Le ordené que volviera, pero el muy condenado se negaba. —Hoy es tu día libre y yo me encargaré del quehacer de la casa —me dijo con ternura. —¡Ah, sí!, ¿y cómo te las arreglarás sin mi cerebro, pedazo de fósil? —Yo también tengo mis sesos, mijito, por si no lo sabías, es una copia virtual del tuyo. Respiré su soberbia. No me quedó otro remedio que aceptar su individual...
jajaja pequeño error, habrá sido lugar o tiempo equivocado?
ResponderEliminarmuy bueno!
te dejo mi direccion para que te pases cuando puedas
www.palabrasqueconjuran.blogspot.com
saludos!!!!
Hola y gracias. Ya pasé por palabras que conjuran, y te he enlazado. Un gusto conocerte. :)
ResponderEliminarRealidad paralela.
ResponderEliminarUn abrazo Héctor.
Eso es así, Torcuato; fascinante tema.
ResponderEliminarQué maravilla poder llevarnos sólo con palabras, a la celda de un monasterio, para sorprendernos juntos... Un abrazo
ResponderEliminarHola, María Luisa,gracias por comentar. Un abrazo.
ResponderEliminarMaestro, espléndido relato de la microficción teológica.
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