Llamamos a la oficina municipal para que cortaran las ramas que se enredaban con los cables eléctricos. Esperamos dos semanas y al fin llegaron, podaron las ramas, pero las dejaron en medio de la acera. Llamamos para que se llevaran las ramas ya que obstruían el tránsito peatonal. Esperamos dos meses y al fin se las llevaron, pero al recogerlas rompieron la acera con el peso de las máquinas. Llamamos para que arreglaran la acera, esperamos seis meses y al fin llegaron, arreglaron la acera; pero de eso ya va más de un año y a los árboles ya les crecieron las ramas que enredan los cables eléctricos…
¡Ay!, qué será de mi cuando ya no tenga huesos ni palabras... Me desperté, y al querer estirarme para aflojar las coyunturas, no pude hacerlo. Traté con esfuerzo de desplegar mis brazos hacia los lados, mientras intentaba abrir la boca, pero no pude moverme ni un centímetro. Me sentí como un charco sobre la cama, con los ojos bailándome en las cuencas, y la piel, puro pellejo. De pronto una risa hueca me sorprendió, y veo, lo que parecía ser mi esqueleto apoyado en la pared; y éste, de manera cínica me dijo: —Sin mí no puedes hacer nada, ¿verdad querido? —¿Pero qué haces ahí?, pedazo de huesos —le dije. Le ordené que volviera, pero el muy condenado se negaba. —Hoy es tu día libre y yo me encargaré del quehacer de la casa —me dijo con ternura. —¡Ah, sí!, ¿y cómo te las arreglarás sin mi cerebro, pedazo de fósil? —Yo también tengo mis sesos, mijito, por si no lo sabías, es una copia virtual del tuyo. Respiré su soberbia. No me quedó otro remedio que aceptar su individual...
Comentarios
Publicar un comentario