miércoles, 25 de agosto de 2010

TRANSPERSONAL

“No creo en Dios”, dijo el Ego al Yo Interior, y dejándolo abandonado, prosiguió su camino. Luego se detuvo, miró hacia atrás y pudo ver como su sombra se deslizaba hasta llegar al horizonte de su conciencia. Corrió tras ella, pero fue en vano: el sol del amor, que se escondía detrás de la colina, se la tragó. Blanco y negro.
Al caer la noche, el Ego quiso recuperar su sombra, y al son de ruidos, pompas y platillos, lanzó al cielo de su alma un cohete de fuegos artificiales hecho de pensamientos y razones, que poco a poco se fueron desvaneciendo dejando al desnudo la majestuosidad perenne e infinita de las estrellas. Sonido y silencio.
Era tan fría la noche que el Ego se cubrió de indiferencia. Un abrazo de lucha con la muerte. Noche oscura del alma. Luz y oscuridad.
Al llegar el día, por la mañana, al ver los primeros rayos del sol entrando por la ventana del conocimiento, el  Ego salió entusiasmado en busca de su sombra. Una vez afuera, miró para el cielo y quedó maravillado al ver dos arco iris de nueve colores que se entrelazaban y danzaban a su alrededor. Eran las virtudes de la vida: Serenidad, Humildad, Veracidad, Ecuanimidad, Desapego, Fe, Templanza, Inocencia y Diligencia. Muerte y vida no se conciben sin la otra. El bien y el mal no se conciben sin el otro. Su Yo retornó. El Ego se quedó en silencio y Dios se sintonizó con  él.

3 comentarios:

  1. Muy buena alegoría!
    Que Dios también sontonice con este amigo escritor es el deseo de Patricia

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  2. muy buen texto.
    Excelente blog!!!

    les dejo la invitación a pasar por el mio
    www.elblogdeescarcha.blogspot.com

    Saludos!

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  3. Muy amables, Patricia y Escarcha, gracias.

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