Era más o menos bueno escribiendo microrrelatos hasta que creó una bitácora, pero no tuvo muchas visitas. Para conseguir que fuera popular, envió un email a un grupo de contactos y de repente ellos le avisaron a sus otros contactos los cuales se conectaron a su página interesados por el contenido que anunciaba el email. Sus relatos empezaron a ser leídos y a tener tanto éxito que decidió ampliar su tiempo para escribir más, pero aunque se quedó toda la noche escribiendo no fue capaz de publicarlos. Fueron tantas las personas que se conectaron a la vez en la página que el servidor no fue capaz de gestionar tantas visitas y se cayó; no se podía acceder al blog porque el servidor estaba saturado. Terminó estresado, “estiró la pata y enrolló el dedo gordo.” Finito. Amén.
¡Ay!, qué será de mi cuando ya no tenga huesos ni palabras... Me desperté, y al querer estirarme para aflojar las coyunturas, no pude hacerlo. Traté con esfuerzo de desplegar mis brazos hacia los lados, mientras intentaba abrir la boca, pero no pude moverme ni un centímetro. Me sentí como un charco sobre la cama, con los ojos bailándome en las cuencas, y la piel, puro pellejo. De pronto una risa hueca me sorprendió, y veo, lo que parecía ser mi esqueleto apoyado en la pared; y éste, de manera cínica me dijo: —Sin mí no puedes hacer nada, ¿verdad querido? —¿Pero qué haces ahí?, pedazo de huesos —le dije. Le ordené que volviera, pero el muy condenado se negaba. —Hoy es tu día libre y yo me encargaré del quehacer de la casa —me dijo con ternura. —¡Ah, sí!, ¿y cómo te las arreglarás sin mi cerebro, pedazo de fósil? —Yo también tengo mis sesos, mijito, por si no lo sabías, es una copia virtual del tuyo. Respiré su soberbia. No me quedó otro remedio que aceptar su individual...
Esto muestra que el exceso de éxito puede matar.
ResponderEliminarNo deja de ser preferible morir así que morir de fracaso.
Igualmente nos muestra que el personaje no estaba listo para el éxito,o hubiese conectado un sistema servidor para más tráfico.
Los errores cuestan, cruelmente.
igual, seguro que estiró la pata con una sonrisa en la cara y satisfecha el alma
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