AMIGOS DE LO BREVE

miércoles, 16 de noviembre de 2011

PRESENCIA

El le preparaba el café y se sentaba a su lado a conversar sobre sus sueños. Pasaban los días y se repetía el mismo rito. Cincuenta años juntos, no hijos, solo largas compañías llenas de dedicación y amor. El hedor se acrecentaba, pero no importaba, al menos su figura estaba allí.  Hasta que un vecino lo notificó.

1 comentario:

  1. Se vive hasta el final.
    Mejor morir pegando un paso de baile que electrocutado.

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