domingo, 5 de septiembre de 2010

PRISIONERO EN SU PIEL

El soldado Roy Eaglefeathers  otra vez regresa ebrio y  tarde a la barraca. Su entrada causa alboroto y los demás se mofan.
          ―¿Dónde diablos has estado,  soldado?  ―pregunta  el sargento Jackson, negro de hombros anchos, seis pies de alto, erguido en medio del pasillo como una torre enorme y oscura.                
          El indio gatea hacia su camastro. 
          ―¡Párese! ― grita el sargento.
      Roy murmura algo ininteligible.        
          ―¿Qué dice? ¡Hable claro recluta!
        No se levanta, tiene la  boca  abierta y un hilillo de saliva le corríe por la quijada, mientras  sus ojos se fijan  en la autoridad como buey manso que mira el arado.   
          ―Hágame un favor, sargento…
          ―¿Qué favor, soldado? 
          ―¡Cállese la condenada boca y déjeme en paz!
          Un silencio profundo impera en el aire. El sargento siente que la sangre africana  le infla la cara, pero calmadamente  respira. Es entonces cuando un destello de misericordia junto a una leve sonrisa  iluminan  su rostro, al ver que ante las miradas atónitas de los otros reclutas, Roy se levanta  con  los brazos estirados hacia los lados. El cuerpo se le achica, de sus extremidades superiores  brotan  plumas que se multiplican y crecen hasta convertirse en alas, mientras que las inferiores se transforman en garras de acero negro, brillante.
     El indio alza vuelo y escapa por la ventana.

4 comentarios:

  1. ¡Bien por el indio! Si podés presentámelo, necesito iniciarme en sus ritos...

    Felices vacaciones, un abrazo.

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  2. Precioso retrato de la realidad de nuestros nativos americanos.
    Me recordaste un suceso hace unos años en Holywood paseaba por ahí con un colega hablando español y nos abordaron dos jóvenes afro americanos ofreciendo la venta de un cassette musical, y que se le ocurre a uno decirme:
    ---Cómpralo , y lo llevas a tu país---
    Y les respondí,:---Este es nuestro país,nosotros ya estábamos aquí antes que ustedes.---
    Lo celebraron riéndose ante ésta razón.

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  3. Los que lo contaron dan fe de ello. Yo diré que fui testigo asomado a esta ventana...

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  4. Hola, Bicefalepena,muchas gracias por compartir.

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