No más ella entró y ya él la desnudó con la mirada; en su sangre ya
calentaba el fuego de la pasión, y entre los labios el sabor de champán lo
enloquecía. La deseaba y a ella le
pasaba igual, pues cuando lo vio sintió desvanecerse el vestido bajo su mirada.
Ambos se encendieron.
ÉL se paró y se dirigió hacia ella. Los ojos hipnotizantes
de la dama, su traje verde y
su ademán misterioso eran irresistibles. Ella solamente le sonreía. Para él la noche era buena, pero tan solitaria.
Salieron inmediatamente del antro.
Su alcoba era casi un jardín y permeaba el olor a
humedad entre las sombras.
No perdieron tiempo y se abrazaron. Al penetrarla,
el hombre fue sintiendo que pequeños dientes afilados salían de los labios vaginales y lo mordían sin piedad alguna…

0 me han dado un SIN TON CON SON:
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