AMIGOS DE LO BREVE

sábado, 19 de febrero de 2011

CHASCO

Clarulina ilustración + Hector Luis Rivero



Luego de lavarle y plancharle las arrugas a su marido, Soledad lo dobló con sumo cuidado y lo metió en su bolso de invierno; se vistió con el nuevo abrigo de flores acampanadas, se puso la bufanda y el sombrero, y salió afuera en busca de una nueva ilusión. Caminó silenciosa entre la nieve y se paró en una esquina a esperar a que pasara un corazón verde para que le subiera las feniletilaminas del cerebro.

1 comentario:

  1. Es adorable este cuento... ya te lo dije en el log de Carulina... me encanto... aunque yo, me hubiera ido sin plancharle nada... ;)
    Un beso

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