miércoles, 25 de agosto de 2010

DAIMÓNICO

Salió de su casa, y al doblar la esquina, se sintió perdido. Caminó por los lugares más inhóspitos y extraños; recorrió el mundo; fue pirata, poeta, esclavo y señor.

Oscurecía, cuando al llegar a un recodo divisó una casa con una ventana iluminada. Cansado y agobiado se dirigió hacia ella. Nervioso, tocó el timbre. Lo recibió su mamá con vaso de leche tibia y unas cuantas galletitas. En ese momento cerró el libro.

ASALTO

Caminaba muy contento cuando al doblar la esquina lo asaltó una duda; se detuvo por un instante, caviló y luego prosiguió su camino. Fue cuando llegó a su casa que extrañó la certeza.

LA AREPA MILAGROSA, MALA RELIGIÓN PARTE 2

Para el cumpleaños de Suncha, Agapito le preparaba unas arepas. Cuando las cocinaba, una de ellas se le quemó. La cogió para echarla a la basura, pero vio con asombro que tenía dibujada lo que parecía ser el rostro de Cristo. Eufórico, la puso aparte para adorarla en un altar y pedirle un milagro, pero Suncha se la quitó, alegando que ese era su regalo y quería fotografiarla para ponerla en el Internet, y tal vez  un fanático religioso millonario se la comprara. Discutieron y forcejaron hasta que la arepa cayó al piso; donde estaba Fido, el perrito, que en un santiamén la olfateó y se la tragó.

TRANSPERSONAL

“No creo en Dios”, dijo el Ego al Yo Interior, y dejándolo abandonado, prosiguió su camino. Luego se detuvo, miró hacia atrás y pudo ver como su sombra se deslizaba hasta llegar al horizonte de su conciencia. Corrió tras ella, pero fue en vano: el sol del amor, que se escondía detrás de la colina, se la tragó. Blanco y negro.
Al caer la noche, el Ego quiso recuperar su sombra, y al son de ruidos, pompas y platillos, lanzó al cielo de su alma un cohete de fuegos artificiales hecho de pensamientos y razones, que poco a poco se fueron desvaneciendo dejando al desnudo la majestuosidad perenne e infinita de las estrellas. Sonido y silencio.
Era tan fría la noche que el Ego se cubrió de indiferencia. Un abrazo de lucha con la muerte. Noche oscura del alma. Luz y oscuridad.
Al llegar el día, por la mañana, al ver los primeros rayos del sol entrando por la ventana del conocimiento, el  Ego salió entusiasmado en busca de su sombra. Una vez afuera, miró para el cielo y quedó maravillado al ver dos arco iris de nueve colores que se entrelazaban y danzaban a su alrededor. Eran las virtudes de la vida: Serenidad, Humildad, Veracidad, Ecuanimidad, Desapego, Fe, Templanza, Inocencia y Diligencia. Muerte y vida no se conciben sin la otra. El bien y el mal no se conciben sin el otro. Su Yo retornó. El Ego se quedó en silencio y Dios se sintonizó con  él.

TEXTICULOS

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