sábado, 22 de mayo de 2010

UN INSECTO LLAMADO GREGORIO



-¿Muerto? -dijo la señora Samsa.
-Esto es lo que creo -contestó la empleada doméstica. Y como prueba empujó todavía un buen trecho con la escoba el cadáver.

Gregorio no estaba muerto, sino que cayó en coma y se redujo hasta llegar al tamaño normal de un insecto. Escarabajo o cucaracha daba igual ya que la carcasa de un insecto se convirtió en su cárcel. Cuando despierta, siente que tiene alitas en su espalda y aprovecha la oportunidad para volar. Después de que demostró un extraño arranque de cariño a su hermana, no había más que resignarse a vivir toda la vida como mejor pudiera, y a buscarle otro sentido a su existencia. Ella le tenía una repulsión atroz, y él no tuvo más que huir de su casa, para asegurar su supervivencia. Pensó que tenía que desaparecer ya que se rompió el débil hilo que lo unía al mundo del afecto y el trato social, siendo reconocido por todos sus prójimos como cucaracha.

Luego de viajar mucho, decide por fin vivir en el botadero de basura municipal, donde se siente seguro y le proporciona una especie de refugio y un poco de comida. Descubrió que era omnívoro, pues necesitaba poco alimento y pudo consumir todo lo que encontró a su paso, como polvo de concreto, pegamento y hasta herrumbre de hierro.

Los problemas vendrán después, cuando Gregorio tenga que ocultarse mientras las pocas personas que frecuentan el basurero llegan a él. Gregorio se ve envuelto una vez más en la desesperación por ocultarse día tras día. Todo lo que soñaba de la vida ahora le sirve para desearlo y soñarlo aún más: quiere enamorarse y ser feliz con la mujer de sus sueños; casarse y tener hijos y nietos. Quiere disfrutar de la brisa que entra por las ventanas de los buses y golpea contra su cara mientras oye las canciones que le hacían imaginarse un escenario feliz con la mujer de la cual estaba enamorado. Quiere algún día casarse y tener hijos. Quiere tener un empleo con sueldo digno. Quiere amar a la gente que le odiaba y amar más a los que ya amó. Quiere que sus periodos de felicidad se prolonguen; quiere disfrutarlos con la gente a quien amó. Quiero leer más novelas y ver películas e imaginarse que haría si fuera el protagonista. Quiere leer libros y rodar un film sobre el mismo en su mente. Quiere recordar canciones que le encantaban y ha olvidado. Quiere ir a la Antártica y montarse en una gran piedra y gritar. Quiere tirarse en un montón de hojas secas consecuencia del otoño de Praga. Quiere servirle a su país, quiere que le hablen con más frecuencia, quiere aprender más, pero sobre todo quiere que el cumplimiento de sus deseos tenga el apoyo de su familia…

Al pasar los años sus sueños disminuían, pero no perdía su sentido de ser. La capacidad de inmunización y adaptación le permitió vivir sin comer dos o tres años y se mantuvo en un estado de diapausa (detención de desarrollo); pudo permanecer un año sin tomar agua, pues absorbió la humedad de los alimentos.

Y un día inesperado - como siempre ocurre en los cuentos- fue atrapado por unos científicos de la N.A.S.A para hacer estudios de robótica espacial. Ellos habían realizado un experimento, en el que se envió al espacio una cucaracha para analizar los efectos de la microgravedad; de igual manera, ahora intentaban utilizarlas para saber si hay vida terrestre en otros planetas, por medio de robots que tienen la apariencia de estos bichos; asimismo, su anatomía fue utilizada para experimentos de robótica. Como insecto, Gregorio reunía ciertas características especiales de resistencia y adaptación; lo metieron en una botellita y se lo llevaron para Washinton, DC. para exhibirlo en una conferencia de prensa junto al presidente Amabo.

Gregorio sentía muy adentro de si la libertad de elección y pensamiento, y eso no se lo podrían quitar jamás aunque fuera un bicho rastrero. Quería saludar al Presidente. Con mucho esfuerzo uso sus pequeñas, pero fuertes mandíbulas, para romper la telita de alambre que lo cubría; sacó las alitas y voló hasta el podium donde estaba el gobernante, pero el revoloteo incesante irritaba al mandatario. Amabo le dijo a la cucarachita: “Vete de aquí”, pero el insecto se negó.

Entonces, Amabo esperó a que el bicho se posara, alzó la mano y lo aplastó al primer intento.

Como si nada hubiese ocurrido, el presidente preguntó a los periodistas: “¿De qué estábamos hablando?”

El presidente de Estados Unidos se tomó un segundo más para vanagloriarse de la hazaña. "Impresionante, ¿no?", dijo Amabo. "Cacé al bicho".
Las cámaras seguían grabando en la Sala Oriental de la Casa Blanca. Amabo ni se inmutó. Señaló el insecto muerto y preguntó: "¿quieren grabarlo?".
CNBC lo hizo y Gregorio Samsa pasó a la historia.
©2010 Héctor Luis Rivero López

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