jueves, 29 de enero de 2009

Carta nunca enviada

Amor Mío:
No existe un adiós y un hola: te prometí que lo haría, y ya ves, te saqué de la prisión de cristal, aunque ahora pago mi precio; pero no importa, reina mía, sólo tú, Dios y yo sabemos la verdad, y ni pito ni flauta me importa que para estos bembos de perro vestidos de blanco, pero con alma negra, me retengan aquí. Por lo menos, hoy me han dado un bolígrafo y unas cuantas hojas de papel, y enseguida corrí a escribirte. Pobrecitos, yo de lo más feliz, y ellos, todos, empecinados en que estoy loco.
Mi niña, de vez en cuando mi vida es un escribir constante, y eso es tan natural en mí, como el respirar. Por eso, por lo de respirar es que avancé a escribirte, porque te amo, te extraño y deseo estar contigo; la vida se me hace tan cortita. ¡Ay!, amiga, te cuento que tan sólo dos cosas te darán resultados para realizar tus sueños, después de la esencial fe en Dios, y esas son: la verdad con amor y la locura sin mentiras, así a sangre fría. Mi amiga, yo te buscaba en mis ratos libres, en mis pensamientos y en todo mi ser; no para llenar mis vacíos, sino para darle paz a esta angustia loca de existir sin morir. Esta carta te llegará acompañada por una bandada de pájaros negros a tu ventana; en sus picos llevarán miles de páginas viejas y amarillas que nunca pude enviarte.
Sí, te quiero sin secretos ni deseos ulteriores, y sin ponerle sexo a la amistad. ¡Qué mejor química que este cariño que siento por ti! Pero ellos no entienden de amor, tan sólo de reglas, y es por eso que se ríen como hienas. ¡Qué van ellos a saber que la amistad trasciende al amor porque lo contiene! Pobrecitos, se mueren de miedo y se creen la gran cosa, como si cagaran perfume, cuando en realidad lo esencial no se mide, no se pesa, no se toca, ni se compra, ni se guarda. Todos somos humanos atados al mismo instinto, y maldita sea cuando leí “La Imitación del Cristo” en mi adolescencia, y en realidad ahora no soy más que un pobre lobo estepario sin loba, pero no, no puede ser, no resistiría más vivir para obtener tan sólo un pedazo de pan y un poco de vino entre cuatro paredes y un techo, no, no; me hacía falta un beso, y en ti lo encontré tan dulce, tan tierno y tan sincero. ¡Me importa un comino los demás! Lo que vale es el compromiso y la sinceridad. Lo que nos duele nos enseña y nos lleva a comprendernos en plenitud. El amor no nos posee. Es cierto, que a veces queremos escapar de sus garras, pero siempre terminamos vencidos y rendidos a sus pies. Porque aunque duela, no existe nada como el amor, excepto la locura divina. Si se ama, se pelea por lo querido, y yo luché por ti. Contigo supe que la cosa no es irse de parranda ni pasar las noches de cama en cama, aturdido por el ruido infernal de la conciencia y del éxtasis del vino. Lo que da felicidad, es lo que nunca hemos visto ni veremos y está corazón adentro. Lo demás, mi amor, es viento que sopla. ¡Si te digo, que están todos muertos con sus manos en el bolsillo, y que dan vueltas en la ruleta rusa del dinero! ¡Qué van a saber de amor!
Amiga, en alguna parte del universo estoy yo, búscame. Estoy entre la multitud, con aquellos que nunca han sabido lo que es un beso en una tarde tranquila y azul, llena de sosiego y plenitud. Estoy también entre aquellos que se ven precisados a esconderse tras las máscaras de la yoidad absurda, y que tienen un reloj caro en las manos, pero que se percatan poco a poco, que sus fluidos cerebrales se dilatan, mientras sensaciones atrasadas nublan su presente. Estoy entre esos a los que siempre se les oye decir "si hubiese amado" y a los que ahora tan sólo se les ve con las manos en la frente para darse golpecitos de consuelo.
Amiga, estoy cansado, me han inyectado otra vez para calmarme. La verdad, que este cuerpo tan sólo es lodo. Quiero te me cuides mucho. Aunque no estaré contigo, búscame en cada lucero que vean tus ojos. Escribo esta carta en mi propia piel y la arrojaré por la ventana, y tal vez un unicornio azul, con alas doradas, ojos verdeados como los tuyos, la recoja y te la lleve envuelta en ensueños de amor y dicha. ¡Qué te digo que son unos bembes de perro muerto! Todavía me observan como si fuera un bicho raro, y se mofan de mí al decir que tan sólo soy un enfermito. ¡Tontos, cerdos, ya quisieran ellos tener una novia como tú! Total, no les hago caso, volteo la cara, sonrío, cierro mis ojos, me lanzo hacia donde no existen espacios ni tiempo, pues sólo un bolígrafo me basta…¡allí te espero!

Tu amado Antonio

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